lunes, 25 de enero de 2010

Graduación de la 4ta generación de alumnos de la Maestría en Desarrollo Humano y Valores / Por: José Luis Lara Ramírez

Hace dos años, iniciaron un proyecto académico, alentados por diversos intereses profesionales y personales, quizás movidos por la curiosidad de encontrar respuestas a sus preguntas existenciales, o por la necesidad de dar respuesta a un sufrimiento humano, o por el deseo de aportar algo a nuestro mundo. Hoy, esta travesía ha terminado y se convierten en maestros de desarrollo humano y valores. Aún y cuando sabemos que esto no es del todo cierto, porque cada día tienen que convertirse más en lo que han aprendido y en el proyecto que quieren proponer a la sociedad: seres humanos más plenos. Sin esta utopía, entendida como lugar posible de realizar, la vida no vale la pena ni la alegría. Oscar Wilde afirmaba que «un mapamundi donde no constase el lugar (sin lugar) de la Utopía, no merecía ser mirado una segunda vez».
Surgen como futuros maestros del desarrollo humano y valores algunas preguntas ¿Cuál es su tarea en la sociedad? ¿Qué utopía van a aportar?
Primero, tenemos que mirar nuestro mundo social, personal y familiar: En estos dos años, juntos, alumnos y maestros, nos ha tocado ver cómo nuestra ciudad, nuestra institución y nuestro mundo han cambiado. Las calles limpias y tranquilas de Chihuahua se llenan del ruido y del temor de la violencia; a la crisis ecológica se han añadido la crisis alimentaria y la crisis económica. En estos dos años el escenario se tornó crítico e incierto. Desde luego, es fruto de un proceso social donde “los planteamientos morales de corte capitalista y neoliberal que hacen del ser humano un: productor - consumidor, dominante – subordinado; y una cultura excluyente, competitiva, placentera y dominante donde el fin es producir y consumir tanto lo material como lo humano; han deteriorado nuestras relaciones de convivencia” (visión del IAPE).
Segundo, reconocer que cada uno de nosotros somos parte de la sociedad: Sin duda, para los graduandos, reconocer que somos causa y efecto de la sociedad, les ha implicado descubrir que llevamos “las luces y las sombras de esta sociedad” de la cual somos creación y creadores. Les ha implicado un proceso difícil de cambio por hacerse mejores seres humanos y minimizar en ellos los efectos de una cultura dominante; como bien decía Gramsci: «lo viejo no acaba de morir y a lo nuevo le cuesta nacer».
Tercero, realizar en nosotros y en los otros un proyecto de mayor solidaridad y justicia: “Dios no planta árboles, planta semillas” (anónimo) Les toca a ustedes por su vocación de facilitadores y maestros del desarrollo humano y valores, ser semillas en esta sociedad; germinar por dentro y ampliar sus ramas a los otros. Les toca proponer y actuar “una ética de comprensión y cuidado”, pues sin estas acciones de comprensión y cuidado de sí mismo y del otro en la relación no es posible la vida ni la justicia ni el derecho.
Una ética de la comprensión y del cuidado en la dimensión personal protege, equilibra, autonomiza y valida al otro en la relación; hace mirar al otro: hijo, esposa, amigo, empleado, como una persona. Y en la dimensión social previene, denuncia y limita las condiciones de injusticia social, económica y ecológica que estamos viviendo.
No es una acción de color rosa; no es un sueño “light”, pues una ética del cuidado de sí mismo y del otro, les implicará a menudo no permitir, denunciar, disentir y oponerse al daño. Como dice con valentía Denisse Dresser, en su carta abierta “Llamado a hablar mal de México”: “Ser un buen ciudadano en México es una vocación que requiere compromiso y osadía. Es tener el valor de creer en algo profundamente y estar dispuesto a convencer a los demás sobre ello. Es retar de manera continua las medias verdades, la mediocridad, la corrección política, la mendacidad. Es resistir la cooptación. Es vivir produciendo pequeños shocks y terremotos y sacudidas. Vivir generando incomodidad. Vivir en alerta constante. Vivir sin bajar la guardia. Vivir alterando, milímetro tras milímetro, la percepción de la realidad para así cambiarla. Vivir, como lo sugería George Orwell, diciéndoles a los demás lo que no quieren oír”.
Así pues, estimadas alumnas y alumnos: Sean valientes y compasivos. Que sus acciones sean semilla fuerte que se abra paso entre las dificultades y nos den un Chihuahua mejor.